septiembre 02, 2010

"Las sectas nos están ganando..."

Esa fue una de las frases que me comentó un sacerdote católico al preguntarle sobre la participación de la comunidad en la Misión Permanente.
Él, de dijo, tiene poco tiempo en la rectoría, lo acaban de mandar como apoyo. Ahora, esa subsidiaria de la parroquia tiene 2 sacerdotes para atender a una población de miles.
Pero en esa labor no están solos. Tienen un grupo nutrido de catequistas, más algunas otras actividades de otros miembros de la comunidad... y sin embargo, él siente la indiferencia y frialdad del resto de los vecinos.

" La gente no se compromete con su religiosidad, buscan lo más fácil, por eso las sectas protestantes están creciendo cada día más..."

Esta es la primera vez que me acerco así a uno de los " especialistas de lo sagrado", y me impactó su discurso, su manera de hablar, sus palabras (eso sí, el señor es de voz educada).
Grosso modo pude notar, en ese corto encuentro, que al interior de la Iglesia, y él como contacto de los laicos con la religión, atestiguan cómo se pierden adeptos; es más, en ocasiones no sólo no los mantienen, a veces no consiguen captarlos. Además, a esos pocos e inconstantes fieles que ocasionalmente se aproximan a los servicios religiosos, están "mal instruidos en su fe", en otras palabras : son católicos nominales, malos católicos que tienen poca fe y, por lo tanto, pueden perderse facilmente.

Es una realidad que en ocasiones se constata a través de las encuestas, de los censos de población. El número estadístico de católicos ha disminuido en las últimas décadas, más no significa que abandonen las creencias.
Se trata, más bien, de migrantes religiosos que pasan de una religión a otra porque la primera no satisfacía alguna necesidad -de cualquier naturaleza.

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