mayo 11, 2010

De historias e histerias

Por alguna extraña razón, algunos colegas historiadores consideran que escribir Historia para la divulgación es una de las actividades indignas para quienes han pasada años hablando con los muertos.

¿Escribir Historia para los no iniciados? Para algunos hacer divulgación histórica sería un desprestigio total y mucho peor si se trata de hacer divulgación para los niños. Sí, esas pequeñas criaturitas que no comprenderían el intrínseco sentido de la explicación histórica lleno de palabras largas y complicadas como concomitante. Por esta razón, algunos rechazan tajantemente la idea de acercarse a un público más pequeño.
También está el otro lado de la moneda, los chiquillos que deben aprender la Historia memorizando fechas,nombres y datos que poco le significan, así que terminan detestanto la materia.
Pero siempre se puede culpar a los profesores pues, finalmente, ellos son los encargados de enfrentar diariamente a una horda de chamacos a los cuales debe enseñar un programa preestablecido.

Y el resultado es que tanto unos como otros se repelen, y tenemos resultados como estos: Estudio revela que 56% de los estudiantes se encuentra por debajo del nivel básico. Escaso aprendizaje de historia entre niños de tercero de primaria

Ante este desolador panorama ¿Sería descabellado pensar en otra manera de explicar el pasado? ¿Podría enseñarse a través de juegos, de fomentar la imaginación y, sobre todo, de fomentar la curiosidad por el pasado? ¿Podríamos enseñarles a cuestionar el pasado, o bien a cuestionar a quien les cuenta lo que en realidad pasó?

Tal vez, enseñarles a cuestionar lo que pasó, o lo que les dicen que pasó sería un experimento bastante interesante, e incluso arriesgado que pondría en aprietos a los profesores (imagino que sera algo como esto)... Pero yo creo que valdría la pena intentarlo.

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