abril 05, 2010

¿Tan católicos?

Hace unos días me invitaron a participar en un seminario sobre estado laico y derechos humanos. El tema que elegí, para no salirme del carril, fue la diversidad religiosa en México... y explicar, someramente, cómo se compone o descompone semejante monstruo temático.

Si ustedes son de los que siguen afirmando que más del noventa por ciento de la población mexicana es católica, es de los que creen fielmente en las estadísticas y no han cotejado o no conocen su realidad social. Tal vez no han visto que cada 28 de mes cientos de personas se reunen en el templo de Sn. Hipólito; o tal vez no han visto que el 2 de noviembre cientos salen a las calles cargando a su niña blanca o de los que nunca han recibido la mañanera visita de un grupo de personas que quieren discutir pasajes biblicos.

Incluso para quienes afirman que la religión católica es la predominante en nuestro país, deberían reconocer que no se trata de un ente homogéneo. Las prácticas, creencias, las experiencias son múltiples a niveles locales, e incluso en el microuniverso del individuo;además las características de las prácticas y creencias religiosas no son inhertes, pues invariablemente cambian junto con las sociedades. ¿Es lo mismo un catolicismo barroco que el catolicismo después del Vaticano II? ¿Es lo mismo el catolicismo de los centros urbanos que el de los pueblos o barrios en donde las mayordomías y las fiestas patronales siguen marcando el ritmo de la comunidad? Por cierto, incluso dentro del catolicismo están los ritos de Católicos Apostólicos Romanos, la Iglesia Maronita y la Greco-melquita.

Además de este pluralismo católico, en nuestro país coexisten otros grupos de cristianos con posturas muy diversas: desde los protestantes, grupo qu llegó a nuestro país durante el siglo XIX, aunque oficialmente iniciaron sus labores evangelizadoras después de la promulgación de las leyes de Reforma. Entre ellos existen diferentes tradiciones con menor o mayor arraigo en nuestro país, aunque en años recientes la variante pentecostal ha sido la más estudiada debido a su acelerado crecimiento entre varios sectores populares.

A esta mezcla, se debe añadir la aparición de grupos que se catalogan entre los "nuevos movimientos religiosos". Algunos de ellos, como el budismo zen tuvieron mayor presencia en nuestro país a partir de los años sesenta, con la llegada del Roshi Ejo Takata, quien fundó el primer centro budista en la Ciudad de México. Pero también incluye expresiones como los más recientes movimientos de Mexicanidad, los cuales buscan recuperar las tradiciones religiosas de un pasado prehispánico, y que son mayormente visibles en los centros arqueológicos cada equinoccio o solsticio.
Por supuesto, estos son tan sólo algunos ejemplos de la diversidad religiosa.

Evidentemente los cambios y la aparición de nuevas ofertas de salvación no son nada nuevo, ni un momento crítico de las sociedades modernas. Sin embargo, lo que sí merece estudio es la acelerada desfragmentación del campo religioso hacia otras opciones, especialmente cuando la mayoría de los estudiosos apostaban por una era con sociedades cada vez más desacralizadas.
Claro, la mayor parte de los estudiosos (la gran mayoría norteamericanos y europeos) presagiaban sociedades modernas secularizadas que apuntarían a una desaparición de la religión. Por esta razón se sorprendieron cuando algunas expresiones religiosas, las de mayor arraigo popular, se negaban a desaparecer a la vez que aparecían numerosos grupos con relecturas de propuestas religiosas ya establecidas o presentadas como novedosas.

Nuestro país no fue la excepción. A la diversidad católica que a la vez tenía que convivir con judíos,protestantes, cristianos,espritistas, budistas... junto con las expresiones del new age, la dianética, santería, y hasta algunos movimientos Ufo.


Con esta variedad de expresiones religiosas (ojo, no todas estas expresiones conforman en sí mismas una religión, vaya, una organización institucional) aún hay quienes piensan que la lucha por un Estado Laico consiste en eliminar del ámbito social las expresiones religiosas; es más, sus ataques se dirigen sólamente a un actor social: La Iglesia Católica.
Sin embargo, uno de los retos que se le presentan al Estado laico es la conciliación entre cada uno de estos grupos religiosos y la sociedad a la que indiscutiblemente pertenecen.


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