enero 19, 2009

Lo que los papás no saben.

¿Recuerdan cuándo fue la última vez que escribieron carta a los Reyes Magos, el Niño Dios o Santa?

Si, vamos, hagamos un poco de memoria e intenten remontarse a su más tierna infancia, al momento en el que escribían con toda inocencia qué juguete de moda deseaban más; o bien al momento en que recibieron el último juguete de alguno de esos personajes; remontémonos a la edad en la que comenzaron a dudar, a indagar en el que se dieron cuenta de la verdad.

Es más, esta entrada debería comenzar por hacer una breve reflexión sobre esos cinco seres mágico-cómico-musicales que dejan a los peques algún regalo a cambio, dicen, de portarse bien.




Desde hace unos años en México se tenía la tradición de que la noche entre el 24 y 25 de diciembre, y a raíz del nacimiento del Niño Díos (a. Jesús, a. Mitra) los peques de buen comportamiento eran recompensados con juguetes o dulces que el niño antes referido dejaba en el Belén o bajo el árbol navideño. Sin embargo, el pobre niño-sol tiene seria competencia en eso de los regalos.

Pero en esto está una seria competencia: Con las campañas publicitarias comenzó a aparecer una figura regordeta, amigable, bonachona y que cada año nos parece más y más familiar como el absoluto representante de la Navidad. Si, ya saben a quién me refiero, ese hombre gordo imagen supra capitalista que hace mucho, mucho tiempo, comenzó como santo patrono de los niños, marineros y vírgenes, en la lejana Lacia (Asia Menor).

En cambio, los Reyes Magos, que ni magos, ni reyes y, en algunos lugares, son más de tres, siguen contando con muy buena popularidad entre los nenes. Es más, varios de ellos conocen muy bien el nombre, características y animales que, según reza la tradición, los reyes traen consigo…y hasta de memoria, pero no se puede pedir la misma habilidad si se trata de nombres de ríos, héroes de la Independencia o anatomía del ojo.

Las tres variantes de caritativos personajes están en una constante pugna ya que no siempre se puede ser “cliente” de los tres, además, a veces se sobrepone al gordinflón del Imperio como atentado contra las tradiciones típicamente mexicanas. Así pues, en una esquina tenemos al Niño Dios peleando la clientela con Santa Claus, o a Santa luchando con todo y renos contra los Reyes Magos par ser elegidos como medio regulador del buen comportamiento infantil.

Al menos esa es una de las premisas por las que desde pequeños nos dicen para mantener estas leyendas: Hacer que los niños se porten bien a condición de que serán mágicamente recompensados. Por esta razón los padres, una buena parte de la sociedad e incluso los medios de comunicación se unen para decirles a los niños que pronto recibirán sus regalos.

Y no digan que estos seres son sólo un engaño para los niños, por favor. En ese caso creo que los ingenuos son otros. No niego que muchos, en nuestra más tierna infancia creíamos fervientemente que tras escribir la cartita con buena letra, poner el zapatito –bien limpio y boleado- bajo el árbol, más las galletitas, leche o agua para los viajantes pronto tendríamos en nuestras manos el ansiado –y merecidísimo- juguete de última moda y novedad.

Pero recuerden que una de las características de los niños es la curiosidad, así que pronto algunos comienzan a indagar al respecto. Bueno, es que en algunos casos es imposible no hacerlo, especialmente cuando Santa o Los Reyes tienen el descaro de dejar una notita de agradecimiento o la tarjeta del regalo imitando la letra de los padres, tíos o abuelos, ¡qué descaro!

En muchos casos esa es la clave por la que los pequeños comienzan a cuestionarse si todo lo que les dicen sobre portarse bien y tener mágicamente los juguetes deseados es verdad o un vil complot de sus padres. Pero en todo este embrollo no están solos...pues nunca falla el compañero de la escuela YA LO SABE se muere por romper la ilusión de los demás.


Los papás no saben que ellos saben.

Bueno, y les decía que los ingenuos son (somos) los adultos ya que muchos de esos niños, aún a sabiendas de que todo se trata de un embuste, ¿qué creen?, siguen con el juego. Y es que no son nada tontos como para dejar ir esa oportunidad de tener regalos, en especial ese mega juguete que en circunstancias normales no le comprarían sus padres.

Además, el escribir la carta es una de las primeras formas en las que los niños activan ese mecanismo de defensa llamado Mentira. ¿Cuántos niños que en esas cartitas escriben todas las travesuras que han hecho durante el año? Si acaso, los niños más honestos, escribirán un “este año no he sido tan bueno” o “me he portado un poco mal”, pero la gran mayoría escriben que se portan bien y que son obedientes. Incluso los más pequeños que aún no conocen las letras protagonizan escenas como esta:


Papá: Te ayudo con tu carta… escribe

Nena: Si papá… (Haciendo rayas en la hoja)

P. Queridos Reyes Magos…

N.: Queridos reyes magos (hace más rayas)

P. Este año no me he portado bien, soy una chillona y le pego a mi hermanito

N: Este año me he portado bien y quiero a mi hermano aunque sea un chillón (más rayas)

Si eso no fuera poco, algunos de los niños, al conocer el temido secreto, ya no podrán usar el chantaje emocional para conseguir EL JUGUETE porque “ya serán niños grandes”. Fingir un poco de demencia generalmente tiene seguro la muñeca que baila, canta, rueda y hace babitas y no la muñeca que sólo hace babitas. Sobre eso les contaré mi experiencia personal.

No recuerdo en qué circunstancias me enteré de la verdad. Sólo sé que durante años intenté atrapar a mis papás, incluso los encaraba a ellos y a mis tíos, pues estaba segura de que intentaban engañarme, pues a pesar de que durante el mes se añadían regalos bajo el árbol, en Nochebuena o en Día de Reyes aparecían mágicamente los regalos esperados. Años después, coludida con mi hermano instauramos una nueva “tradición” navideña llamada La Caza de Juguetes, así que en la primera oportunidad solos, corríamos a buscar por toda la casa si ya habían comprado o no NUESTROS juguetes….y corroborábamos si eran justo los que habíamos pedido.

Parte de esa demencia a cambio de los regalos algunos niños, un poco más descarados, lo extienden hasta la preadolescencia o algunos hasta la misma adolesencia. Algunos padres lo permiten porque incluso a ellos les da mucha ilusión ver los rostros de sus vástagos iluminados de la emoción o pensar que sus hijos aún son tiernos, dulces e inocentes.

Tal vez par algunos fue un verdadero momento de lucha interna por el desengaño y la desilusión, pero para otros fue el principio de la indagación, la crítica y, sobre todo, el momento de pensar en el beneficio propio.

Así que si ustedes aún piensan que pueden alterar pequeñas conciencias con mensajes como este, lo más seguro es que se lleven un fiasco tremendo, pues seguramente los niños ya lo saben o al menos lo intuyen.


enero 06, 2009

Ratos y Retratos

Te pareces tanto a mi”

Es un breve recorrido por el retrato en México y todo lo que éste nos puede decir sobre nosotros mismos. Desde las primeras imágenes de de los Insurgentes hasta algunas alegorías de los presidentes (legítimos o no), pasando por los emperadores, artistas, escritores y, por supuesto, la gente común, la de diario.

Actualmente, somos una sociedad cada día más visual en la que la fotografía digital es de lo más cotidiano. Sólo basta sacar el teléfono celular o, en el mejor de los casos, la cámara fotográfica, para capturar el momento y, en cierta manera hacernos de los recuerdos.

Pero hasta hace unos años, el tomarse una fotografía era un momento único, era capturar un trozo del tiempo, muchas veces sin segundas tomas. Lo que salió, salió, y había que esperar para ver el resultado.

Se trata de una imagen congelada pero que de inmediato remite a un ambiente, a un sonido, una canción…es un activador de la memoria.Uno se puede imaginar a don Porfirio preparándose, casi ritualmente, para tomar la foto oficial del S. Presidente de la Nación, o bien se pueden escuchar las carcajadas y risas de Celia Cruz y Ninón Sevilla.

En una de las secciones se dramatiza una escena tan típica, tan mexicana: La foto de la boda, en este caso de una boda a principios del siglo XX, cuando apenas comenzaban a popularizarse este tipo de sesiones fotográficas. Vaya que es rara la casa que no tenga sobre las paredes la famosa foto de la pareja de recién casados o bien la foto familiar el día de la boda.

También resulta inevitable pensar en el “Como te ves me ví…” cuando vemos esas viejas imágenes que muestran a grandes personalidades del cine, la música o la televisión en sus años de juventud (o por lo menos no tan traqueteados) y que inmediatamente nos hacen recordarlas en su senectud o de plano en la tumba.


Una de las fotografías que más llamó mi atención fue la de un “Angelito”. Extraña, mórbida y curiosa de retratar cadáveres de los niños pequeños, los cuales, en su mayoría, se vestían como ángeles –con todo y alitas. Pero, en un tiempo en el que la fotografía estaba de moda y la mortandad infantil era más alta, un retrato del pequeño era lo único que podía conservar la familia como recuerdo del “angelito” que algún día tuvieron.



Y esta exposición no se ocupa sólo de la fotografía, sino que también alude a la caricatura ya sea como medio de denuncia o mero homenaje al ahí retratado. Ya sea el dibujo que intente ser fiel a la imagen del retratado o bien aquella que busca resaltar ciertas características. Por eso dicen que “No sabes qué tan feo eres hasta que te hacen una caricatura” pues ésta es tan la oportunidad de conocer, al menos a través del dibujante, cómo te ven los demás, qué rasgos son los primeros que te ven o para darte cuenta de lo mentirosos que pueden ser los espejos.


Si tienen oportunidad, no dejen de visitar el Museo del Estanquillo, y recuerden que la entrada es "Con lo que gusten cooperar"





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