enero 06, 2009

Ratos y Retratos

Te pareces tanto a mi”

Es un breve recorrido por el retrato en México y todo lo que éste nos puede decir sobre nosotros mismos. Desde las primeras imágenes de de los Insurgentes hasta algunas alegorías de los presidentes (legítimos o no), pasando por los emperadores, artistas, escritores y, por supuesto, la gente común, la de diario.

Actualmente, somos una sociedad cada día más visual en la que la fotografía digital es de lo más cotidiano. Sólo basta sacar el teléfono celular o, en el mejor de los casos, la cámara fotográfica, para capturar el momento y, en cierta manera hacernos de los recuerdos.

Pero hasta hace unos años, el tomarse una fotografía era un momento único, era capturar un trozo del tiempo, muchas veces sin segundas tomas. Lo que salió, salió, y había que esperar para ver el resultado.

Se trata de una imagen congelada pero que de inmediato remite a un ambiente, a un sonido, una canción…es un activador de la memoria.Uno se puede imaginar a don Porfirio preparándose, casi ritualmente, para tomar la foto oficial del S. Presidente de la Nación, o bien se pueden escuchar las carcajadas y risas de Celia Cruz y Ninón Sevilla.

En una de las secciones se dramatiza una escena tan típica, tan mexicana: La foto de la boda, en este caso de una boda a principios del siglo XX, cuando apenas comenzaban a popularizarse este tipo de sesiones fotográficas. Vaya que es rara la casa que no tenga sobre las paredes la famosa foto de la pareja de recién casados o bien la foto familiar el día de la boda.

También resulta inevitable pensar en el “Como te ves me ví…” cuando vemos esas viejas imágenes que muestran a grandes personalidades del cine, la música o la televisión en sus años de juventud (o por lo menos no tan traqueteados) y que inmediatamente nos hacen recordarlas en su senectud o de plano en la tumba.


Una de las fotografías que más llamó mi atención fue la de un “Angelito”. Extraña, mórbida y curiosa de retratar cadáveres de los niños pequeños, los cuales, en su mayoría, se vestían como ángeles –con todo y alitas. Pero, en un tiempo en el que la fotografía estaba de moda y la mortandad infantil era más alta, un retrato del pequeño era lo único que podía conservar la familia como recuerdo del “angelito” que algún día tuvieron.



Y esta exposición no se ocupa sólo de la fotografía, sino que también alude a la caricatura ya sea como medio de denuncia o mero homenaje al ahí retratado. Ya sea el dibujo que intente ser fiel a la imagen del retratado o bien aquella que busca resaltar ciertas características. Por eso dicen que “No sabes qué tan feo eres hasta que te hacen una caricatura” pues ésta es tan la oportunidad de conocer, al menos a través del dibujante, cómo te ven los demás, qué rasgos son los primeros que te ven o para darte cuenta de lo mentirosos que pueden ser los espejos.


Si tienen oportunidad, no dejen de visitar el Museo del Estanquillo, y recuerden que la entrada es "Con lo que gusten cooperar"





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